Textos publicados en los libros “Un derbi solidario”. 

w_900x700_30200636onopkoPor su aspecto. Porque me favorecía a la hora de vacilar a mi padre. “¿Juegas hoy?”, le bromeábamos mi hermano y yo cada vez que enfilábamos el viejo Tartiere. Qué rutinaria chanza nos ofrecía aquella galopante alopecia, más rápida e incisiva que cualquier delantero de la Liga, y que, macabro destino, me toca ahora sufrir a mí. Ése es uno de los motivos. Sin duda que lo es. Otro está relacionado con el deseo que siempre albergué de rendir su merecido homenaje a la cartera que le robaron al que fuera presidente del equipo, Eugenio Prieto, mientras hacía cola en las taquillas del Calderón para adquirir su entrada junto a la afición azul. Gesto inequívoco de la ruptura de relaciones con el Atlético de Madrid por su intromisión en el fichaje. Cuarenta y una billeteras más desaparecieron aquella aciaga tarde en la que encajamos tres goles. Aparecieron gran parte de ellas. Vacías, eso sí. Otro motivo, el principal, tiene que ver con el impacto que me causó su elegante forma de jugar y la seguridad que transmitía, sobre todo cuando se enfrentaba a un Sporting con el que nunca perdió en Primera. Porqués que me han empujado a escribir sobre él, Viktor Onopko (Luhansk, Ucrania, URSS, 14 de octubre de 1969).Cuentan que la primera vez que se escuchó su nombre en Oviedo, antaño no era tan sencillo aquello de ver fútbol internacional, fue antes de un partido ante el Barcelona. Toni Bruins Slot, ayudante de Cruyff, se lo recomendó a Eugenio Prieto, que tenía en mente firmar a un portero -Carlos Cano-, un defensa y un ariete -Peter Dubovsky- para su siguiente proyecto. “El mejor central de Europa a día de hoy es Onopko”, le espetó el hombre de confianza de Johan en referencia a un jugador que lideraba un Spartak de Moscú que lo ganaba todo en su país y sorprendía en la Copa de Europa. Se guardó el nombre. Y surgió una pregunta. Así, con el técnico holandés presente, la cuestión se abordó: “Si es tan bueno, ¿por qué no lo ficha el Barça?, se oyó en los pasillos del antiguo Tartiere. “Porque con esa imagen de encofrador que tiene no podría jugar en el Camp Nou”, juran que respondió el laureado entrenador azulgrana. En ese momento, el club se puso manos a la obra para contratar al defensor que acabaría sumando 216 partidos en Liga con la camiseta azul.

onopko_onopko_2Aquella ardua labor la llevarían a cabo junto a Iñaki Urquijo, actual director del fútbol base del Racing, y que en las últimas décadas del siglo xx se había especializado en traer futbolistas rusos a España. Curiosamente, disponía de una central de operaciones en un piso moscovita situado en una zona militar en la que coincidía que el Spartak había regalado un piso a Onopko por una de las ligas conquistadas. Esa vecindad favoreció que se acelerasen los contactos para que el Real Oviedo adquiriese aun defensa decidido a abandonar un país aún inestable tras la desintegración de la Unión Soviética en 1991. Acababan de robarle su vehículo, apreciaba cierta inseguridad en las calles y empezaba a notar síntomas evidentes de que su equipo deseaba hacer caja con su traspaso. Estaba decidido a marcharse a España, sólo a España, y el club asturiano fue el primero que llamó a su puerta. Accedió a firmar por el conjunto carbayón meses antes de incorporarse, en enero de 1996, a cambio de que incluyesen una cláusula por la que mantenía la opción de cambiar de opinión si llegaba una oferta mejor. Y surgió esa oferta. Se la presentó el propio Radomir Antic, el técnico que había alentado a Prieto a ficharlo antes de decidir marcharse en el verano del 95 al Manzanares, y que también le había dejado caer el nombre de Pantic. El entrenador serbio convenció al internacional para que vistiese de rojiblanco. Lo hizo hasta el punto de que Onopko se atrevió a posar con una camiseta del Atleti para acabar así de organizar la marimorena. La respuesta azul fue la entrega de un recurso bien elaborado de 50 folios a la FIFA y la presencia durante tres semanas de Prieto en el piso moscovita que Urquijo tenía próximo al del jugador. “No regresaré hasta que no vuelva con él”, advertía el máximo dirigente por aquel entonces. El desenlace, rodeado de polémica, acabó con el deseado futbolista en la capital del Principado y no en Madrid. Nada más aterrizar, Onopko se percató de que no llegaba a “una ciudad pequeña, un pueblo minero y viejo”, tal y como le habían contado. Una `intoxicación´ a la que el club respondió organizándole una vuelta en coche por Oviedo como bienvenida. Tanto le gustó lo que vio que, a día de hoy, su familia reside en Asturias mientras él desarrolla su labor en los banquillos como segundo técnico del CSKA.

Al inicio del año 96, y sólo unas semanas después de que su presentación hubiese congregado la histórica cifra de 3.000 personas, Ivan Brzic contaba en sus filas con un refuerzo que en la actualidad hubiese sido inaccesible para cualquier equipo que no anduviese sobrado de euros. Un jugador criado en la escuela futbolística del comunismo, garantía de una calidad técnica superior. Pero no sólo hablamos de un burócrata del balón, caso de su compatriota Igor Lediakhov. Onopko tenía garra sobre el campo y carácter fuera de él. Bien lo cuentan aquellos canteranos que se veían protegidos por su espigada figura si algún rival trataba de amedrentarlos. Aquellos que sufrían también sus enfados cuando, describen, se ponía rojo de ira si recibía alguna entrada durante los entrenamientos. “Estos chicos no pueden jugar aquí. No vienen a progresar, vienen a dar patadas”, bramaba en El Requexón amparado por ese brazalete que sus propios compañeros le otorgaron en sus últimas temporadas en el club.

OnopkoAlrededor de este ´encofrador´, el Real Oviedo empezó a construir una serie de proyectos que no acabarían de alejarlos de la zona comprometida de la tabla, promocionando en el 98 y descendiendo en 2001. Refinado a la hora de mover el balón, hábil en el juego aéreo e incansable a la hora de marcar al delantero, el ´ruso´, tal y como le llamaba cariñosamente Luis Aragonés, iniciaría su idilio con la afición del Tartiere el día de su debut con empate ante el Zaragoza el 21 de enero de 1996. Onopko fue intocable para Brzic, Lillo, Tabárez, Fernando Vázquez, el ´Sabio´ de Hortaleza, Radomir Antic, con el que al final coincidió y con el que mantiene a día de hoy una gran relación, y Quique Marigil. Actuando junto a Jerkan, César o Boris en el eje de la defensa, donde se sentía más cómodo, o Paulo Bento, Tomic o Nadj en la medular, firmó importantes actuaciones y victorias sonadas, sobre todo ante el Barça. En el Camp Nou ganó hasta en el año del descenso. Protagonizó duelos más que calientes con Kiko, Hierro, Simeone o Luis Enrique. Salió muchas veces victorioso de enfrentamientos ante figuras como Rivaldo, Zidane, Figo o Ronaldo.

Escribir sobre Onopko supone aludir a la figura de un jugador que acabó comprometiéndose con una entidad de la que no había oído hablar jamás hasta que fueron a buscarle a Moscú y a la que, realmente, trató de no venir cuando le presenté la opción del Atleti. Durante su gran año a las órdenes de Fernando Vázquez, el mejor que completó de azul, varios clubes se dirigieron a él para seducirlo con importantes contratos, habida cuenta que quedaba libre ese verano del 99. Con 29 años y con la asignatura pendiente de sumar algún título más, aún no olvidaba que Antic lo había querido el año que alcanzó la Liga y la Copa, el internacional optó, sin embargo, por renovar. Tampoco titubeó a la hora de enrolarse en la difícil tarea de tratar de devolver al equipo a Primera. No lo logró. Y su salida, rumbo a Vallecas en 2001, al igual que otros muchos iconos del oviedismo, no fue la más deseada. Mucha gente se le acerca aún a día de hoy por las calles de Oviedo para darle las gracias por lo que hizo aquellas siete temporadas. Él sueña con ofrecer más. Desde el banquillo. Quién sabe.

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Футбол.18 сентября 2009 года.Ватутинки.Тренировка ЦСКА.Онопко-Рамос-Щенников Фото – Алексей ИВАНОВ, “СЭ”

Jesús Hernández

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