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Peña Oviedista Barcelona

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Viejo Tartiere

Historias del Oviedín: El Chepo

Textos publicados en los libros “Un derbi solidario”.

La cita fue en México D.F. un día de octubre de 2008. La intención era aprovechar el viaje y hacer el mayor número de reportajes posible sobre la comunidad asturiana en la capital azteca. Aprovechando la estancia y a pesar de los agobios de tener poco tiempo y mucho por hacer, había que localizar al tipo que vistió durante un año la camiseta azul marca Juan Casabella.

Que un entrenador responda a un número de teléfono desconocido es un poco difícil. Si el entrenador dirige a los Diablos Rojos de Toluca, líder del campeonato en aquel momento, la misión puede ser casi, casi imposible.

Sin embargo con una productora de televisión eficaz, colgada del teléfono y del portátil, la vida del plumilla es más fácil. Llamó y el míster del Toluca aceptó sin excusas. A las cinco en el Centro Asturiano. Seguir leyendo “Historias del Oviedín: El Chepo”

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Historias del Oviedín: A las vacas, ni mú

Textos publicados en los libros “Un derbi solidario”.

Lo que yo no sabía era que esa tarde iba a cambiar mi vida. O al menos la mitad.

Nacho, papá y yo habíamos bajado a Santianes, donde llevábamos todo el día arreglando los problemas del mundo y de las vacas, que viene a ser lo mismo, al calor del pan moreno y las morcillas infinitas de los de Casa Rosa.

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Historias del Oviedín: Mi primera vez

Textos publicados en los libros “Un derbi solidario”.

Mi padre tenía las piernas más hermosas del fútbol español. Que yo recuerde, sólo el sportinguista Joaquín Alonso podía hacerle sombra. Ambos eran altos, esbeltos y educados hasta el extremo de no saber si estaban en el césped de El Molinón, en el campo del Júpiter leonés Real Club (en el caso de mi padre) o en un salón parisino. Creo que, al margen de este valioso detalle en mi vida, mis evocaciones rojiblancas apenas tendrían trascendencia. Es cierto que el bigotudo Capitán despertaba la admiración y las simpatías de medio mundo, pero en mi caso sólo había ojos para el Oviedo y el Real Madrid, aunque nunca he tenido claro si por ese orden.

He vivido durante años alejada del planeta fútbol. A mi manera, he subsistido en una burbuja sin goles, sin remates a porterías, salvo en aquellos momentos en los que era inevitable escuchar la radio en el coche, cuando regresábamos de la playa precipitadamente y en un evidente estado de nervios colectivo. Cualquiera diría que el universo se encaminaba a su cataclismo final sólo porque empezaba un partido de fútbol. Y daba igual que los niños lo estuviéramos pasando de muerte o que fuera el primer día de sol en meses. Mi padre y mi tío Janano, brillante delantero del Oviedo a mediados de los años cincuenta, desmontaban el chiringuito y ¡hala! Todos a casa, a vivir la vida de color azul.

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Historias del Oviedín: Llegar y poner, Armando Álvarez

Textos publicados en los libros “Un derbi solidario”.

Una dolorosa lesión en el cartílago en la rodilla izquierda le hizo abandonar el fútbol con 32 años después de una carrera de once en el fútbol de primer nivel. Nada más lejos de su intención, porque Armando siempre había dicho que le gustaría jugar muchos años, ya que era lo que mejor sabía hacer. No pudo ser.39_1_thumb

Nunca fue un jugador de excesiva calidad, la suficiente para cumplir con su lema “llegar y poner”. Su forma de ser fue su forma de jugar: sencillez y efectividad, además de entrega sin condiciones. Eso le llevó a jugar diez temporadas en Primera y una en Segunda (para sacar al Atlético de Madrid del infierno). También tuvo una presencia, testimonial, pero presencia al fin y al cabo, en la selección nacional, con la que disputó dos partidos de la fase de clasificación para el Mundial 98 ante Malta. A menudo sigue bromeando al decir: “los partidos históricos de la Selección siempre fueron contra Malta: primero por el mítico 12-1 y luego porque contra ellos debuté yo”. Seguir leyendo “Historias del Oviedín: Llegar y poner, Armando Álvarez”

Historias del Oviedín: El club por encima de todo, Julio Marigil

 

7939Textos publicados en los libros “Un derbi solidario”.

A lo largo de los últimos 30 años he visto pasar a muchos futbolistas que han dejado una profunda huella en el Oviedo, pero me gustaría destacar a uno al que no vi jugar, pero que es una parte importante de la historia del club al que estuvo unido durante casi cuatro décadas, primero como jugador y posteriormente como técnico. Julio Marigil llegó al club azul en la temporada 57-58 procedente del Logroñes y desde esa fecha su identificación con el Oviedo fue total hasta su muerte, ocurrida el pasado mes de agosto, justo en el día que cumplía 77 años.

Su larga enfermedad, más de cinco años luchando contra el cáncer, no fue obstáculo para estar siempre al lado del club, al que nunca abandonó, ni en la etapa más negra y convulsa en la que lleva inmerso desde 2003. Y es que la identificación de Marigil con el Oviedo fue total. Y eso en los tiempos que corren no es fácil que suceda. Todo el genio que tenía en el campo y después en los banquillos, se transformaba en un carácter abierto y afable. Lo demostró durante las temporadas en las que fue segundo entrenador del primer equipo compartiendo el banquillo con técnicos tan dispares como Nando Yosu, Antonio Ruiz, Vicente Miera, Javier Irureta y Radomir Antic. Era una persona que se dejaba querer. Seguir leyendo “Historias del Oviedín: El club por encima de todo, Julio Marigil”

Historias del Oviedín: La vieja valla del Tartiere

Textos publicados en los libros “Un derbi solidario”.

Mis dedos aferrados a aquella valla verde del viejo Tartiere. Hiciese frío o calor. Daba igual. Aquel era mi sitio. Mi lugar favorito del mundo. Desde los huecos de aquella verja surgió mi primer ídolo. Aquel que me mostró que los goles podían nacer alejándose de la portería, el que me pegaba contra aquellos inolvidables y finos barrotes verdes cada vez que iniciaba un desmarque desde la cal. El goleador que consiguió hacer que mi padre no tuviera la solución a cada una de mis innumerables preguntas, creo que la vocación periodística se estaba incubando, y guardase silencio, torciese el gesto y ladease la cabeza. ¿Por qué no siguió yendo a la selección después de marcar seis goles en seis partidos? “¿Por qué, papá? ¿Por qué?” Era Carlos Muñoz. El mismo que me obligó desde entonces a desear llevar un diez a la espalda cada vez que jugaba al fútbol. Incluso a pesar de que un diez tan inabarcable como impronunciable su nombre, me hiciese manchar de lágrimas como nunca antes, y jamás después, mi camiseta azul. Aquel es el primer recuerdo claro y consciente que me viene de ese sentimiento que empezó a palpitar mientras mejoraba mi lectura con pósteres y repitiendo nombres de aquellos que tan feliz habían hecho a mi ciudad una noche de junio del 88, “Zu-bel-dia”, “Sa-ñu-do”, “Ber-to”…

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