7939Textos publicados en los libros “Un derbi solidario”.

A lo largo de los últimos 30 años he visto pasar a muchos futbolistas que han dejado una profunda huella en el Oviedo, pero me gustaría destacar a uno al que no vi jugar, pero que es una parte importante de la historia del club al que estuvo unido durante casi cuatro décadas, primero como jugador y posteriormente como técnico. Julio Marigil llegó al club azul en la temporada 57-58 procedente del Logroñes y desde esa fecha su identificación con el Oviedo fue total hasta su muerte, ocurrida el pasado mes de agosto, justo en el día que cumplía 77 años.

Su larga enfermedad, más de cinco años luchando contra el cáncer, no fue obstáculo para estar siempre al lado del club, al que nunca abandonó, ni en la etapa más negra y convulsa en la que lleva inmerso desde 2003. Y es que la identificación de Marigil con el Oviedo fue total. Y eso en los tiempos que corren no es fácil que suceda. Todo el genio que tenía en el campo y después en los banquillos, se transformaba en un carácter abierto y afable. Lo demostró durante las temporadas en las que fue segundo entrenador del primer equipo compartiendo el banquillo con técnicos tan dispares como Nando Yosu, Antonio Ruiz, Vicente Miera, Javier Irureta y Radomir Antic. Era una persona que se dejaba querer.Uno de sus días más felices, que tuve la suerte de compartir, fue el último ascenso a Primera División, en la temporada 87-88. El empate a cero en el partido de vuelta de la promoción de ascenso ante el Mallorca, en el Luis Sitjar, devolvía al equipo a su lugar natural, una categoría que Marigil conocía de sobra como jugador. Su explosión de alegría en el terreno de juego estaba más que justificada, era acabar con trece años en Segunda División, el ascenso más anhelado deportiva y socialmente, como evidenciaron los miles de asturianos que se echaron a la calle para celebrarlo.

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Por el contrario, uno de los momentos más amargos lo vivió con la destitución de Javier Irureta. La relación que tuvo con el técnico vasco fue más allá que de ser su ayudante en el banquillo durante cuatro temporadas. A pesar de ser muy diferentes en el carácter, nunca tuvieron un roce. Llegaron a estar tan unidos que a Marigil le costó dirigir al Oviedo en San Mamés, en el único partido que ejerció las funciones de primer entrenador antes de la llegada de Radomir Antic.

157_1_thumb.jpgMarigil llegó al Oviedo en la temporada 57-58, procedente del Logroñes y estuvo hasta 1969 defendiendo la camiseta azul. Fueron doce temporadas en las que jugó un total de 286 partidos, de los cuales 170 fueron en la máxima categoría. Era un buen marcador, agresivo en el mejor sentido de la palabra, como tiene que ser los defensas. Tenía mucha garra y determinación en los balones divididos, destacando por su regularidad y compromiso. A la hora de definir sus cualidades como jugador, otro de los destacados ex futbolistas azules y ex compañero, Toni Cuervo, destaca que “era rápido y tenía genio, un jugador de mucho rendimiento. Por eso cayó muy bien con el público de Oviedo.”

Marigil se integró en la ciudad y se quedó a vivir en ella, regentando durante más de treinta años la tienda de Deportes Marigil, un auténtico referente para los deportistas. Buenazo y oviedista. Todas las personas que tuvieron una relación estrecha con él destacan estos dos rasgos. Marigil tuvo siempre el mismo espíritu de entrega al Oviedo, sin reservas ni afán de protagonismo, tanto en el campo como en el banquillo. Con él crecieron muchos de los jugadores que luego dieron el salto al primer equipo. A Marigil nunca le importó quiénes eran los dirigentes del club. Para él, el Oviedo era lo único importante, por encima de todos los conflictos que desgraciadamente han marcado los últimos años de la historia del club. Con su muerte se marcha una parte importante de la historia del Oviedo y además un oviedista acérrimo.

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José Palacio

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