Textos publicados en los libros “Un derbi solidario”. 

Te imagino en el cielo, porque necesito creer que existe un lugar para perpetuar excelencias como el talento futbolístico que tú exhibías; en el que la bondad encuentre espacio, un reducto para la humanidad con mayúscula.

1269858_futbal-peter-dubovsky-vyrocie-smrt-talentPeter Dobovsky (Bratislava, 1972 – Surat Thani, 2000) forma parte de los momentos de la etapa más triunfal del Real Oviedo. Casualmente, o no, su fallecimiento coincide con el inicio de la debacle azul. Ni una temporada transcurrida desde su muerte hasta el descenso deportivo a Segunda A, al que luego siguió el administrativo hasta lastrar al club a Tercera División. Desde entonces, el oviedismo pervive incansable al desaliento, condenado en Segunda B a las puertas del retorno al fútbol profesional, anclado en la firmeza de su incombustible afición, esa que le ha permitido cautivar a su nuevo máximo accionista, el hombre más rico del mundo, Carlos Slim.

“Dubo” perdió la vida el 23 de junio de del año 2000 víctima de las graves lesiones que se produjo al caerse cuando visitaba las cataratas de la turística isla tailandesa de Ko Samui. Venerado en Eslovaquia, era considerado un referente deportivo. Además de su elegancia futbolística presentaba una hoja de servicios abrumadora: campeón de Liga con Slovan en 1992, elegido en 1993, a los 21 años, mejor jugador de la temporada; ese año fichó por el Real Madrid, con el que proclamó campeón de Liga 1994-95, y en la campaña siguiente se incorporó al Real Oviedo, donde militó cinco temporadas. Primero con la selección de Checoslovaquia y después con Eslovaquia, tras la escisión en 1993, fue el goleador de ambas; a su muerte, era máximo anotador de la historia de la selección.

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Elegante y potente, Dubovsky acaparó el rol del único jugador capaz de aportar la resolución mágica y la acción imprevisible para desatascar un encuentro enrocado o irrumpir en un choque que resultara espeso para los suyos. En la memoria de quienes le disfrutaron queda imborrable su facilidad para driblar a contrarios, su apertura de juego cuando elevaba la cabeza y su llegada, pletórica de fuerza, para colocar el esférico en cualquier punto inverosímil o aquellas incorporaciones al área con la contundencia de sus imparables remates de cabeza.

Dubovsky-RealOvideoTantas veces discutido, acusado de abstraerse en algunas fases del juego, el eslovaco necesitaba sentirse querido, quizás como lo percibía en la selección nacional de su país, de la que siempre añoró lo feliz que era en ella. Tras su paso por el Real Madrid y el Real Oviedo, “Dubo” no dejaba pasar oportunidad sin apuntar que Juan Manuel Lillo le había ayudado a jugar a su mejor nivel en España, quizás en correspondencia a la admiración que el técnico vasco le profesaba. “Sin duda, uno de los mejores jugadores a los que he entrenado”, dijo Lillo al conocer la muerte de Dubovsky. El tolosarra mantiene grabada a fuego la lesión sufrida por “Dubo” en el Camp Nou, que le apartó de las alineaciones y marcó el declive azul, aquel instante de pérdida de magia quedó para la historia con la imagen captada momentos antes y que sería el cromo de la estrella asturiana en el álbum liguero que miles de niños coleccionaban.

Con el 10 a la espalda, el dorsal reservado para jugadores especiales, “Dubo” tuvo en su zurda un guante dotado de potencia. Logró empatía con los compañeros de vestuario, entre ellos, Fernando Hierro, que se refirió a él como un “buen amigo, que merecía la pena”, e Iván Ania, quien le citó como el “mejor jugador” que tuvo como compañero.

Educado, afectuoso, tímido e introvertido, el eslovaco en no pocas ocasiones resultó juzgado con extrema vehemencia, incluidos los desmedidos rumores sobre sus salidas nocturnas. Sin aderezos, Dubovsky prescindía a diario de cualquier chic propio de su condición de megaestrella. Mientras algunos compañeros abandonaban el vestuario del Carlos Tartiere luciendo una imagen merecedora de un posado en la alfombra roja de un evento de primer nivel internacional cinematrográfico, por supuesto, con neceser auténtico de Louis Vuitton, él lo hacía llevando en la mano su envase de gel, de tamaño familiar.

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“La vida fue injusta con él”, dijo Michu, el jugador que rechazó al Sporting en Primera por ser del Real Oviedo, y que hoy triunfa en el Swansea de la premier inglesa. Sus recuerdos de niño le han dejado que aquel Oviedo era “lo máximo”, ya que fue la “mejor época con Prosinecki, Abel Xavier, Paulo Bento, Esteban, Jokanovic…y mi ídolo, Dubovsky. ¡Cómo la tocaba!.

Carmen Menéndez

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