Textos publicados en los libros “Un derbi solidario”.
Pocas cosas hay más tiernas en el fútbol que un lateral marcando un gol. Todos los laterales del mundo intentaron en su día ser delanteros o extremos, o centrocampistas, o incluso centrales, y al final acabaron ahí porque hacen menos ruido y molestan poco. La de lateral ha sido siempre una posición sin vocación ni glamour, de dorsales sosos y nulo pedigrí; una posición sin mayor remuneración mediática que la de ser cumplidor, nada más que un cumplidor por mucho que el fútbol moderno, ahora, le conceda la importancia que nunca tuvo. Los laterales son los jugadores de campo que más lejos están de la portería rival y no hace tanto, en ese tiempo de fútbol con bigotes y medias por la espinilla, de muslos al descubierto y celebraciones en vertical, un gol de un lateral era directamente el titular. Un acontecimiento. Seguir leyendo «Historias del Oviedín: ¡Oh mamá Inés! Abel Xavier»
Cuando era pequeño, muy pequeño, mi padre me educó en el seguimiento por igual del Real Oviedo y del Real Sporting. “Los dos son asturianos, hijo”. Cada domingo esperábamos juntos en el sofá el resumen de tres minutos del Sporting en el Estudio Estadio y si la naturaleza o la fame llamaban, uno siempre se quedaba de guardia ante la tele, no fuera a ser que colaran de repente la secuencia relámpago de los quince, veinte, pocas veces treinta goles de la jornada en Segunda. 
Desde que se inventaron las listas de éxitos como herramienta de marketing existe el concepto `one hit wonder´. Artistas que llegaron, besaron el santo y desaparecieron dejando como único legado el eco de un petardazo. El arquetipo lo han ido dibujando desde el inicio una legión de nulidades musicales pero, ojo, no hablamos aquí solo de necios iluminados por la casualidad. Maravillas de un solo día las parieron también genios que merecieron mejor suerte. Así recuerdo yo la época del Tito Pompei en el Oviedo. El argentino fue un hitazo que el fútbol acabó difuminando en fade out demasiado pronto. Terminaba octubre del 97 y en la radio atronaban los Hanson, pero en el Tartiere nos entregábamos a la musicalidad de una zurda impagable. No me cuesta ponerle banda sonora a algunos recuerdos.