Textos publicados en los libros “Un derbi solidario”.
“Viti bajo palos; Zúñiga, Luis Manuel, Jerkan y Gorriarán en defensa; Elcacho, Berto, Bango y Vinyals en el centro del campo y arriba Marius Lacatus junto a Carlos Muñoz”. La radio anunciaba el histórico once elegido por Javier Irureta para disputar el partido más importante de la historia del Real Oviedo, su debut en competiciones europeas. En plenas fiestas de San Mateo del año 91, el conjunto azul se enfrentó al Genoa italiano en el viejo Carlos Tartiere, en priemra ronda de de la Copa de la UEFA. Diecinueve de septiembre de 1991. Una fecha histórica e inolvidable para el club, para la ciudad en incluso para Asturias, que batió ese día el número de vuelos que aterrizaron en el aeropuerto de Ranón.

Peter Dobovsky (Bratislava, 1972 – Surat Thani, 2000) forma parte de los momentos de la etapa más triunfal del Real Oviedo. Casualmente, o no, su fallecimiento coincide con el inicio de la debacle azul. Ni una temporada transcurrida desde su muerte hasta el descenso deportivo a Segunda A, al que luego siguió el administrativo hasta lastrar al club a Tercera División. Desde entonces, el oviedismo pervive incansable al desaliento, condenado en Segunda B a las puertas del retorno al fútbol profesional, anclado en la firmeza de su incombustible afición, esa que le ha permitido cautivar a su nuevo máximo accionista, el hombre más rico del mundo, Carlos Slim.
Por su aspecto. Porque me favorecía a la hora de vacilar a mi padre. «¿Juegas hoy?», le bromeábamos mi hermano y yo cada vez que enfilábamos el viejo Tartiere. Qué rutinaria chanza nos ofrecía aquella galopante alopecia, más rápida e incisiva que cualquier delantero de la Liga, y que, macabro destino, me toca ahora sufrir a mí. Ése es uno de los motivos. Sin duda que lo es. Otro está relacionado con el deseo que siempre albergué de rendir su merecido homenaje a la cartera que le robaron al que fuera presidente del equipo, Eugenio Prieto, mientras hacía cola en las taquillas del Calderón para adquirir su entrada junto a la afición azul. Gesto inequívoco de la ruptura de relaciones con el Atlético de Madrid por su intromisión en el fichaje. Cuarenta y una billeteras más desaparecieron aquella aciaga tarde en la que encajamos tres goles. Aparecieron gran parte de ellas. Vacías, eso sí. Otro motivo, el principal, tiene que ver con el impacto que me causó su elegante forma de jugar y la seguridad que transmitía, sobre todo cuando se enfrentaba a un Sporting con el que nunca perdió en Primera. Porqués que me han empujado a escribir sobre él, Viktor Onopko (Luhansk, Ucrania, URSS, 14 de octubre de 1969).
Recordar un momento, un partíu, como me pidió Pedro Zuazua pa esti llibru, cuéstame. Cuéstame porque nun quiero quedar con ningún de la época reciente del club onde, del 2003 pa equí, tocóme cubrir la información de casique toles temporaes en Radio Sele, Onda Peñes y agora en RPA yá de forma profesional.