Textos publicados en los libros “Un derbi solidario”.
– Voy a comprarme unas botas.- dijo el nuevo nada más terminar el entrenamiento.
– Vale, pero mira bien que no sean las dos del mismo pie, soltó el ’10’ entre un estruendo de risas contra el vaho del vestuario.
Si el fútbol era una fiesta, por qué no iba a serlo la vida que lo rodea. A Manu Busto le faltaba una sílaba del nombre porque llamarse del todo es una forma de terminar, una apelación al resultado. Y él estaba en el fútbol para asuntos de mayor importancia.
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Peter Dobovsky (Bratislava, 1972 – Surat Thani, 2000) forma parte de los momentos de la etapa más triunfal del Real Oviedo. Casualmente, o no, su fallecimiento coincide con el inicio de la debacle azul. Ni una temporada transcurrida desde su muerte hasta el descenso deportivo a Segunda A, al que luego siguió el administrativo hasta lastrar al club a Tercera División. Desde entonces, el oviedismo pervive incansable al desaliento, condenado en Segunda B a las puertas del retorno al fútbol profesional, anclado en la firmeza de su incombustible afición, esa que le ha permitido cautivar a su nuevo máximo accionista, el hombre más rico del mundo, Carlos Slim.
Por su aspecto. Porque me favorecía a la hora de vacilar a mi padre. «¿Juegas hoy?», le bromeábamos mi hermano y yo cada vez que enfilábamos el viejo Tartiere. Qué rutinaria chanza nos ofrecía aquella galopante alopecia, más rápida e incisiva que cualquier delantero de la Liga, y que, macabro destino, me toca ahora sufrir a mí. Ése es uno de los motivos. Sin duda que lo es. Otro está relacionado con el deseo que siempre albergué de rendir su merecido homenaje a la cartera que le robaron al que fuera presidente del equipo, Eugenio Prieto, mientras hacía cola en las taquillas del Calderón para adquirir su entrada junto a la afición azul. Gesto inequívoco de la ruptura de relaciones con el Atlético de Madrid por su intromisión en el fichaje. Cuarenta y una billeteras más desaparecieron aquella aciaga tarde en la que encajamos tres goles. Aparecieron gran parte de ellas. Vacías, eso sí. Otro motivo, el principal, tiene que ver con el impacto que me causó su elegante forma de jugar y la seguridad que transmitía, sobre todo cuando se enfrentaba a un Sporting con el que nunca perdió en Primera. Porqués que me han empujado a escribir sobre él, Viktor Onopko (Luhansk, Ucrania, URSS, 14 de octubre de 1969).
Recordar un momento, un partíu, como me pidió Pedro Zuazua pa esti llibru, cuéstame. Cuéstame porque nun quiero quedar con ningún de la época reciente del club onde, del 2003 pa equí, tocóme cubrir la información de casique toles temporaes en Radio Sele, Onda Peñes y agora en RPA yá de forma profesional.